Entre los múltiples efectos del calor extremo, hay uno que suele pasar desapercibido y que tiene un impacto relevante en la salud: el aumento de la inactividad física. Una investigación realizada por los argentinos Mariano Rabassa y Christian García-Witulski, publicada recientemente en la revista científica The Lancet Global Health, revelan que de mantener la trayectoria actual, el calentamiento del planeta puede provocar un aumento de las muertes prematuras y pérdidas millonarias directas por esta causa.
El estudio de los investigadores del Centro de Desarrollo Humano Sostenible de la Universidad Católica Argentina (UCA) mide el aumento de la prevalencia de la inactividad física en relación a la temperatura mediante proyecciones realizadas con herramientas de la econometría aplicadas a un análisis causal. Los resultados marcan que en torno a 2050, las altas temperaturas provocarán que inactividad física se incremente un 1,44%, con potencial para generar entre 470.000 y 700.000 muertes adicionales por año.
“Sabemos que la falta de actividad física genera problemas en la salud y queríamos conocer cómo las temperaturas extremas afectan a la tasa de inactividad”, apunta Rabassa. Para medir el impacto del cambio climático en la salud, realizaron un análisis pormenorizado de lo que sucede con personas de 156 naciones. Emplearon datos reunidos a partir de encuestas realizadas entre 2000 y 2022 y publicados por la Organización Mundial de la Salud (OMS) en 2024.
“Relacionamos esa información con cálculos sobre temperatura ponderada por población”, explica García-Witulski. Una vez construida esta base de datos con diferentes variables de control en el modelo, se estimó la relación que permite estudiar cómo se comporta la gente ante el cambio de temperatura. “Usamos la temperatura promedio a nivel anual, pero dividiéndola en diferentes intervalos”, explica el investigador.
En base a esta información, simularon qué podría ocurrir de cara a las próximas décadas. Entre los principales resultados, advirtieron de que cada mes que se registraba una temperatura media mayor a 27,8 °C se traducía en el aumento de 1,44 puntos porcentuales de inactividad. Esto significa que, si el calor se prolonga, crece la falta de actividad física de las personas, lo que constituye un factor de riesgo decisivo para fallecimientos prematuros (entre los 39 y los 65 años). “Un 1,44 puntos porcentuales puede no parecer mucho, pero cuando lo proyectamos en términos de muertes y de costos hacia mediados de siglo, eso se convierte en cifras relevantes”, apunta García-Witulski.
Calor y comportamiento
Rabassa es doctor en Economía Agrícola y de Recursos (Universidad de Illinois) y concentra sus esfuerzos en el estudio del medio ambiente; Christian García-Witulski es doctor en Economía (UCA) y doctor en Ciencias de la Salud y del Deporte (Universidad de Zaragoza). Ambos llevan años analizando hasta qué punto las altas temperaturas transforman el comportamiento humano.
Para este estudio, analizaron datos globales para medir cómo las altas temperaturas elevan la inactividad física. A partir de estos hallazgos y de estimaciones epidemiológicas de riesgo, proyectaron la mortalidad futura mediante una cadena de impacto que indica que el aumento de la temperatura fomenta el sedentarismo, lo que deteriora la salud, eleva la mortalidad prematura y genera graves costos económicos.
Las proyecciones se trazaron bajo tres escenarios posibles. El primero contempla un consenso global para mitigar las emisiones de gases de efecto invernadero de origen antropogénico; el segundo, de carácter intermedio, asume que se mantendrá la tasa de emisiones actual; y el tercero dibuja un panorama extremo, caracterizado por un incremento notable de la mortalidad y de los costes económicos. “El calor extremo genera estadísticamente una disminución de la actividad física. Es preocupante en un contexto donde la inactividad física está creciendo en el mundo”, dice Rabassa.
La OMS considera que una persona es activa si realiza 150 minutos de actividad física moderada, o bien, 75 minutos de actividad vigorosa por semana. Sin embargo, la realidad muestra que solo uno de cada tres adultos en el mundo llega al piso básico sugerido por el organismo internacional. “Esto está diciendo que, a medida que la temperatura aumenta, es probable que la gente haga todavía menos actividad física”, insiste Rabassa.
El investigador advierte que los objetivos globales para reducir el sedentarismo en 2030 están en riesgo. Con un planeta en constante calentamiento, la población tenderá a moverse menos mientras se adapta. Para evitarlo, señala, es urgente la inversión pública destinada a aclimatar las ciudades y el despliegue de sistemas de alerta temprana.
Clima, salud y economía
El incremento de las temperaturas también genera pérdidas económicas. Para medirlo, los investigadores evaluaron la productividad perdida por país y a nivel global ante el fallecimiento prematuro.
Mariano Rabassa refiere que hacia mediados de siglo podría haber pérdidas globales de productividad anuales de entre 2.400 y 3.680 millones de dólares. Christian García-Witulski explica que también la inactividad física provocada por el calor amenaza la producción económica.
La disminución de la fuerza muscular, el deterioro cognitivo y la mala calidad del sueño se traducen en un menor rendimiento laboral y en un mayor absentismo. El calor provoca una serie de efectos indeseables en cascada: incrementa el flujo sanguíneo cutáneo, multiplica el sudor, aumenta el riesgo cardiovascular y dispara las posibilidades de deshidratación.
El estudio advierte que la capacidad de adaptación a las altas temperaturas dependerá del contexto local, de las características físicas de cada individuo y de las políticas públicas que impulsen los gobiernos para mitigar el calor urbano. En este sentido, los países y personas con menos recursos llevarán las de perder. Los investigadores plantean que en los territorios de renta media y baja, frente al calor sostenido, el aumento de la inactividad física se elevará a 1,85 puntos porcentuales.
Para explorar esa heterogeneidad, García-Witulski y Rabassa dividieron las naciones según sus ingresos. “Vimos que no teníamos grandes efectos de la temperatura sobre la inactividad para los de ingresos altos, y que en cambio teníamos un efecto más grande para los de ingresos medios y bajos”, detallan.
Así, los países que se ubican en Centroamérica, el Caribe, el este del África subsahariana y el sureste asiático ecuatorial, serán los más comprometidos por conformar las regiones más pobres y calurosas. “Los países más ricos cuentan con más recursos para adaptarse. Pero hay que tener en cuenta que si en el futuro el calentamiento no se frena, va a llegar un momento en que los efectos llegarán a todos”, concluye Rabassa.