La historia de la oveja Gaia es un hito excepcional. Un engaño a la naturaleza que ha salido bien. Nació antes de tiempo, muy prematura, pero logró sobrevivir cobijada unos 10 días en una placenta artificial. Ahora tiene 13 meses y su desarrollo posnatal es normal, como si hubiese estado en el útero materno el tiempo que realmente le tocaba. Su caso pone el broche a una nueva fase de un proyecto científico de los hospitales Clínic y Sant Joan de Déu para desarrollar una incubadora líquida que recree las condiciones de la placenta materna y poder albergar ahí, en las condiciones más naturales posibles, a grandes prematuros, bebés nacidos antes de la semana 26 de gestación. Los científicos han llegado a mantener con vida a otro feto de oveja en esa biobolsa artificial hasta 21 días.
Falta todavía para replicar el caso de Gaia en fetos humanos, pero los investigadores creen que ya se ha dado un paso relevante para acercar el sistema a la clínica: se ha comprobado que es viable científicamente, que el feto —animal, en este caso— puede sobrevivir en esta placenta artificial y que la transición neonatal es posible (pasar de la incubadora líquida a la vida extrauterina).
Eduard Gratacós, líder del proyecto, asegura que solo dos centros en el mundo han logrado este hito: uno en Estados Unidos llegó a 28 días con su modelo y BCNatal (el consorcio de medicina maternofetal y neonatología integrado por el Sant Joan de Déu y el Clínic) ha conseguido llegar a los 21 días con otro modelo ovino. “Hemos conseguido demostrar que es posible tecnológicamente. Hemos conseguido que un modelo animal viva 21 días en la incubadora líquida. Y también hemos demostrado que estos recién nacidos puedan salir, sacarlos de esa vida en el sistema artificial y que sobrevivan con un desarrollo neurológico normal. El año de vida de Gaia es como 10 años en humanos”. Los científicos esperan empezar a ensayar este sistema con humanos en tres años.

La casa de un feto humano es la placenta. Su hogar durante 40 semanas. En esa bolsa de unos tres centímetros de grosor, flotando en un líquido amniótico que le aísla del hostil mundo exterior, el bebé recibe alimento y oxígeno, vitales para su desarrollo. Ese es el mejor lugar para crecer durante esos primeros nueve meses, pero puede ocurrir que el crío nazca demasiado pronto, antes de completar su período de maduración.
Hay casos particularmente graves, los llamados prematuros extremos, que llegan al mundo con menos de seis meses de gestación, y mantenerlos con vida en el mundo exterior es un desafío médico: con menos de un kilo de peso, ni los pulmones, ni los intestinos, ni el cerebro están totalmente desarrollados y los recién nacidos necesitan apoyo respiratorio y alimentación intravenosa, pero el riesgo de complicaciones es altísimo (la mortalidad puede alcanzar el 75% y la mayoría de los supervivientes padecen secuelas). En Europa nacen cada año unos 25.000 bebés extremadamente prematuros.
La biobolsa artificial busca, precisamente, retar a la naturaleza, engañarla. Y van por buen camino, asegura Gratacós: “Es un proyecto de retos extraordinarios. Tenemos que crear una tecnología para conseguir engañar a la naturaleza para que el feto no sepa que ha salido [del útero] de la madre. Es una complejidad sin precedentes, pero hemos demostrado que es viable científicamente. Ahora es importante que estas pruebas científicas se puedan homologar y construir un contexto bioético para definir bien los candidatos donde sería razonable usar este sistema”.
A la vista, el prototipo de placenta artificial es una especie de incubadora líquida que reproduce, de la forma más fiel posible, la vida uterina. Tiene un entorno líquido y el prematuro puede seguir desarrollándose conectado a un sistema de circulación extracorpórea a través de su cordón umbilical. Este circuito ha sido específicamente diseñado para facilitar la circulación sanguínea, simulando lo que ocurre de forma natural en la vida intrauterina. “El reto es conseguir que la sangre, que tiene unos 80 mililitros, vaya por un circuito, no pierda ni un grado de temperatura, y se alimente y le llegue oxígeno por él. Es una filigrana tecnológica muy grande”, sopesa Gratacós.

Los investigadores han ensayado la factibilidad de esta incubadora líquida con fetos de oveja. Gratacós explica que, para demostrar la viabilidad del proyecto, habían situado el mínimo de supervivencia en la placenta artificial entre 10 y 14 días. “Hemos demostrado que es viable de forma solvente. Hemos conseguido pruebas científicas sólidas”, señala. Con Gaia, que ya tiene más de un año de vida posnatal fuera del dispositivo, también han demostrado que se pueden lograr buenos resultados en neurodesarrollo con este modelo. A nivel neurológico, la oveja tiene una evolución completamente normal.
Los avances se han presentado en congresos especializados y tienen un artículo publicado en una revista científica revisada por pares de cuando lograron llegar a los nueve días de supervivencia en uno de sus prototipos.
Los investigadores han explicado este viernes que han ido perfeccionando el dispositivo y que las mejoras técnicas y la optimización de los protocolos de apoyo médico, que contemplan la administración de nutrición, hormonas y otras medicaciones, así como la previsión de distintos escenarios médicos, “han permitido mejorar la supervivencia en el sistema y lograr una transición neonatal exitosa”.
Esa transición simula los pasos previstos para su aplicación futura en humanos: el traslado de la incubadora líquida a una incubadora convencional cuando los órganos del bebé hayan madurado. Cuenta Elisenda Eixart, coordinadora del proyecto, sostiene que esa parte ha sido “la más fácil” de todo el proceso porque “es muy parecido a lo que pasa en el nacimiento”. “Se hace igual. Se abre la incubadora líquida, se les intuba porque siguen siendo aún prematuros, van a una incubadora tradicional y se practica el manejo neonatal habitual. Lo que hacemos con la incubadora líquida es alargar el periodo de fisiología fetal, pero siguen siendo prematuros cuando nacen y todavía necesitan apoyo”.
Para la siguiente fase del proyecto, los investigadores han creado una spin-off y centrarán esfuerzos en introducir una mejora tecnológica, en colaboración con la industria, para adaptar el sistema a su uso en humanos. En esta etapa también se desarrollarán los preparativos éticos y legales para que pueda aprobarse un estudio en humanos, han indicado. Los hospitales prevén la entrada de financiación externa y la Fundación La Caixa, que ya ha invertido siete millones en este proyecto, ha anunciado que seguirá apoyándolo.
Hay apenas cuatro grupos científicos más en todo el mundo que estén detrás de una placenta artificial: uno en Filadelfia —el que ha logrado los 28 días de supervivencia— y otro en Michigan (Estados Unidos), un consorcio entre Australia y Japón, y otro en Toronto (Canadá). En declaraciones al portal SMC en 2023, cuando se presentó otro avance del proyecto de Gratacós, Kelly Werner, profesora adjunta de Pediatría de la División de Neonatología de la Universidad de Columbia, reflexionó: “Aunque se trata de un avance alentador, la placenta artificial no pretende sustituir a la placenta natural. Es decir, a pesar de estos avances, debemos hacer todo lo posible por apoyar la salud materna y disminuir los factores de riesgo que conducen al parto prematuro”.
